Sunday, May 04, 2014

Dos historias de Antonio Goicochea: LOS OVILLOS DE COLORES y LA CANTORA

LOS OVILLOS DE COLORES

Dos historias de Antonio Goicochea
Asociación Educarte

En el pueblo de San Miguel, de acendrada tradición textil, se cuentan muchas historias sobre ovillos de colores. Les traigo dos de ellas:


La primera...

Don Darío Lingán, a media noche, volvía a su casa ubicada al final de la calle Miguel Grau, luego de una reunión alegre de amigos. En la esquina que ahora forma la intersección de las calles Miguel Grau y José Gálvez, había un puquio. De pronto, de entre las aguas surgió un costalillo lleno de ovillos que se le interpuso en su camino. Si don Darío tomaba el lado derecho de la calle, el costal iba en ese sentido; si quería esquivarlo por la izquierda, a la izquierda iba el costalillo. A la altura de la casa de don Arsenio y de una planta de lúcumo, trató de salvarlo con un ágil salto. En eso los ovillos de colores se desparramaron por el suelo y trope en ellos. El corazón parecía explotarle en el pecho por el pánico del que era presa. A duras penas llegó a su casa. Quiso comunicar lo sucedido a sus familiares pero había enmudecido. Cayó desmayado.

¿Qué haría don Darío
con patas y en vocerío
en altas horas de la noche
con traguitos y con ponche?

mientras que de ello gozaba
don darío no esperaba
de ovillos de colores
tales males y dolores.



La segunda...

En la Cantora, del barrio Zaña, a media noche, a la hora de la tentación, cuando alguien pasaba solo, hermosos ovillos de colores rodaban por la colina que allí existe hasta caer a la calle. Los transeúntes trasnochadores se veían tentados a recogerlos. Los que así lo hacían se llevaban la sorpresa de sus vidas porque ya en casa los ovillos se convertían en gatos negros, en chanchos o en chivos.



Doña Josefa Alfombrera recogió ovillos de los colores que le faltaban para cumplir con un pedido que le habían hecho y de todos los colores del arco iris. Ya en su cama soñó que hacía la mejor de las alfombras de su vida. Al a siguiente se apuró a continuar con su trabajo, fue al envoltorio para traer los ovillos. Grande fue su sorpresa que no halló s que unas tusas chamuscadas con fuerte olor a azufre.

De la loma en la Cantora
doña Josefa Alfonbrera
recogió en avaricia
los ovillos de colores
que de la altura cayeron.

en sus sueños acaricia
que con la alfombra que haría
con cariño y con presteza
retaría en belleza
al mismísimo arco iris

y vean lo que encontró
en su equipaje nocturno
unas tusas chamuscadas
con un fuerte olor de azufre. 
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Tusas, corontas.

 Fotos@rte Pisadiablo

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