Saturday, January 09, 2016

UNA HISTORIA OLVIDADA: EL VIEJO PUEBLO ‘SAN MIGUEL DE CATAMUCHE’ EN CAJAMARCA (Segunda parte) / José H. Rodríguez Villa



UNA HISTORIA OLVIDADA:
EL VIEJO PUEBLO SAN MIGUEL DE CATAMUCHE EN CAJAMARCA
(Segunda parte)

José H. Rodríguez Villa

Artículo presentado en el XI Congreso Nacional de Geografía, Geografía, Desarrollo y Sostenibilidad Territorial: enfoques, políticas y estrategias, Cajamarca, del 5 al 7 de Octubre de 2015.

 
III.     EL DOCUMENTO

En el Archivo Regional de Cajamarca se halla un documento sumamente interesante para la historia antigua de la ciudad de San Miguel de Pallaques, a través del cual   podemos acercarnos a su devenir como población hispana a finales del siglo XVI. Se trata del Expediente contenido en el Legajo 73, Protocolos Notariales, correspondiente al escribano Martín Pérez de Aguirre, para los años 1601 – 1609. Es un documento de cuatro folios (8 páginas) y atañe  a una escritura de venta  de tierras firmada en la entonces Villa de Cajamarca el 20 de setiembre de 1606 ante el escribano indicado, el mismo que servía en el pueblo de Huamachuco pero que frecuentemente se trasladaba desde aquí a otros lugares del corregimiento para atender la demanda de formalización de documentos de compra-venta, poderes, contratos, etc.

La escritura que indicamos fue otorgada por cuatro caciques y principales del pueblo de San Miguel: Don Cristóbal Supaicaca, Don Cristóbal Chuquichanchas, Don Bernabé Chuquixaxa y Don Alonso Chumpi a favor del encomendero de Cajamarca Alonso Sánchez de Sotomayor, quién a la sazón ocupaba unas tierras del pueblo con fines de criar ganado. En realidad esta escritura se hace con el fin de formalizar un documento anterior hecho en la localidad de San Miguel en febrero de 1605, no ante escribano público sino ante el gobernador del pueblo y tres testigos, entre ellos el cura Fray Francisco de Paz. Mediante este escrito el gobernador Juan Payaque y los caciques y principales Cristóbal Rupay, Alonso Chumbe, Cristóbal Chuquichanchas, Antonio Chancha, Alonso Caxtanta, Cristóbal Chuquisaguar, Lorenzo Lachos, Miguel Cajinsan y   Sancho Quispe, ceden en donación a favor de Sánchez Sotomayor los terrenos donde éste ya tenía establecida una estancia de ganado, pero sin precisar ni la delimitación ni la extensión de las mismas, solamente indicando que se llaman Catamux y se hallan ubicadas junto al viejo pueblo de San Miguel.
La tal donación se justifica, en palabras de los caciques, porque el español es un buen vecino y tanto su presencia como su ganado no causan perjuicios a los indios y, además, las dichas tierras están apartadas del área de chacras de los pobladores, se encuentran desocupadas y no son provechosas para la vida y economía del pueblo.

En compensación  el encomendero entrega a los indios 50 patacones o pesos de a ocho reales como una suerte de ayuda para que los mismos puedan completar el pago por la hechura de dos imágenes destinadas a la iglesia del pueblo de San Miguel; una de ellas es un crucifijo y la otra una virgen. Hay que acotar aquí el hecho de que si por ese tiempo aún se están habilitando imágenes para el templo, indicaría que la población era en ese momento relativamente reciente; situación que favorece nuestra argumentación de la existencia de otro pueblo de San Miguel anterior al actual.

La escritura de 1606 hecha en Villa de Cajamarca incluye en su contenido el documento del año anterior, pero ya no habla de donación sino de venta de las tierras por el precio de 50 patacones, que corresponden a su justiprecio. Por otra parte, en el documento de San Miguel se tiene bastante cuidado de precisar la ausencia total de conflicto o daños entre el  encomendero  y  los  indios  señalando  más  bien  el  contento  y  satisfacción  de  los naturales, tanto por la paga recibida como por la compañía del español. Esto y el hecho de mencionar explícitamente en el escrito al corregidor y el protector de naturales, deja entrever el interés del encomendero de protegerse ante posibles reclamos posteriores que  podrían  anular  su  propiedad,  teniendo  en  cuenta  que  por  entonces  las  leyes coloniales prohibían la venta de las tierras de la comunidad4  y trataban de limitar la adquisición de propiedades de los indios por  parte de los españoles, como una forma de protegerlos ante posibles despojos disfrazados.

Por el tenor de la escritura también se colige que el área de tierras que se traspasan a don Alonso Sánchez de Sotomayor tenía una extensión considerable, pues, tanto en el texto principal, como en una anotación en parte ilegible y ubicada al margen de uno de los folios, se puede leer, además de algunos de los nombres de los caciques, que el área del traspaso no sólo comprendía las tierras de Catamuch, sino de otros dos sitios más que son Gualanga y Amaxcisbon, ubicados seguramente en contigüidad.

En  la  indicada  nota  también  la  ortografía  de  Catamux  ha  sido  reemplazada  por Catamuche, topónimo actual que nombra al área y población ubicadas al pie del  caserío de Chuad, yendo hacia La Comunidad, a pocos kilómetros hacia el oeste de la ciudad de San Miguel. Esta información resulta importante porque coincide con en el nombre de San Miguel de Catamuche que aparece registrado en la Visita de 1571 -15725 y  que designaba al antiguo pueblo de San Miguel que es al que seguramente se refieren los indígenas cuando señalan al “viejo pueblo de San Miguel”.

IV.     EL ANTIGUO PUEBLO SAN MIGUEL DE CATAMUCHE  Y LA VISITA DE 1571 – 1572 A CAJAMARCA

Las  visitas  eran  empadronamientos  de  la  población  de  las  distintas  provincias  del virreinato motivadas por la necesidad de la administración colonial de conocer el número de habitantes, sobre todo de adultos en capacidad de tributar, así como los recursos y bienes que poseía cada provincia, para determinar la carga tributaria que debía imponerse a la población indígena.

La visita se realizaba pueblo por pueblo. En cada uno se convocaba a la población por orden: cada grupo social o pachaca por separado, y en cada grupo las personas separadas por edad en un orden riguroso: tributarios de 20 a 50 años (incluyendo a su mujer e hijos menores), viejos más de 50, viudas y viejas, y huérfanos.

Estas visitas comenzaron a aplicarse en el virreinato peruano a inicios de la colonia. Para el caso de Cajamarca la segunda  que se dispuso por orden expresa de Francisco Pizarro fue la del año de 1540 a cargo de Cristóbal de Barrientos6. La tercera tiene lugar entre 1571 – 1572 / 1578 y es realizada por Diego Velásquez de Acuña, a petición del virrey Toledo7.
Esta se enmarca dentro del pleito surgido entre los dos principales encomenderos de Cajamarca de la época: Melchor Verdugo y Gaspar Holguín por el control del territorio de las huarangas que comprendía por ese entonces la provincia de Cajamarca. Inicialmente Verdugo recibió de Pizarro, en compensación a los servicios prestados en la conquista de la región, las siete huarangas: Bambamarca, Pomamarca, Chondal, Caxamarca, Guzmango, Chuquimango  y  Mitimaes;  espacio  que  comprendía  a  la  llegada  de  los  españoles  el llamado Reino de Guzmango. En 1540, dentro de las reformas emprendidas por el virrey Vaca de Castro, las grandes encomiendas se reducen y redistribuyen, entre ellas la original de Melchor Verdugo a quien se le quita las parcialidades de Pomamarca, Bambamarca y Chondal, entregándolas primero a Hernando de Alvarado luego a Diego de Urbina y finalmente  a  García  Holguín;  situación  que  genera  un  conflicto de  larga  data porque Verdugo apeló la provisión y reclamó por sus derechos mermados8. Muertos Verdugo y Holguín el pleito fue seguido por sus viudas. Por eso la visita de 1571 es un censo realizado a las siete huarangas cuya población estaba distribuida en 43 pueblos. Treinta y nueve de ellos se visitan hasta 1572 y los cuatro restantes en 1578. En todos se busca obtener información que permita determinar el número de tributarios y el volumen de rentas que recibía cada encomienda.

El informe sobre la visita a Cajamarca de 1571 – 1572 forma parte del expediente de este pleito y muestra que la misma tenía un propósito diferente y es previa a la posterior Visita General que se organiza a la región por disposición del virrey Toledo entre 1572- 1574. Este documento es muy valioso porque da cuenta de dos aspectos importantes de la historia cajamarquina. Primero la relación de los 43 pueblos distribuidos en el ámbito de las siete huarangas y sus respectivas pachacas, muchos de ellos conservando aún parte de los nombres originales que precedieron a su formación española. Segundo, la forma de la organización socio-política particular que caracterizó a las poblaciones del norte peruano previo a la llegada de los españoles y que, según algunos autores, provenía de antes de los incas. Esto es, la distribución en huarangas y pachacas.

El concepto de ayllu como referente de la organización socio-política no se aplicaba por igual en todo el Tawantinsuyo9. En la zona norte las unidades sociopolíticas se articularon a través de las pachacas y huarangas, como principios organizativos de los grupos étnicos. Para el caso de Cajamarca, documentos del siglo XVI emplean el término de pachaca que sería el equivalente de ayllu. Esta nomenclatura que precedió a la conquista española fue incorporada y respetada en la nueva demarcación étnico-territorial en que se organizó el territorio al formarse el Corregimiento de Cajamarca.

Cada huaranga tenía un área más o menos concreta o definida de ocupación – y por tanto jurisdicción    vinculada  sobre  todo  al  acceso  de  tierras  de  cultivo.  Por  su  parte,  las pachacas integrantes de una huaranga, se distribuían en el territorio de esa jurisdicción y estaban integradas por un conjunto variable de familias emparentadas entre sí y que se reconocían como descendientes de un grupo étnico común. El gobierno de cada huaranga estaba a cargo de un Curaca o Cacique, mientras que el Principal era la autoridad en una pachaca. Por ello, en cada pueblo, podría haber varios Principales, representantes de las respectivas pachacas que lo conformaban.

En el momento de la visita de 1571 – 1572 el entonces repartimiento o provincia de Cajamarca comprendía, como ya señalamos, siete huarangas, 52 pachacas y 43 pueblos. De estas huarangas, la segunda en número de habitantes era la de Chondal después de la de  Guzmango  que  era  la  principal.  Chondal  se  localizaba  en  el  ámbito  de  la  actual provincia de San Miguel de Pallaques, alrededor del distrito de Niepos. Tenía distribuidos sus pobladores en 20 pueblos, de los cuales los más importantes eran San Bartolomé de Tacabamba, San Juan de Pingomarca, San Andrés Llapa, San Rafael de Niepos, San Miguel de Catamuche y San Matías de Payán. En cada pueblo,   a su vez, se podía encontrar pobladores pertenecientes a varias huarangas y pachachas.

La visita tuvo lugar en el pueblo San Miguel de Catamuche los días 22 al 24 de noviembre de 1571. Luego del respectivo censo se encontró la siguiente distribución de pobladores.

Cuadro Nº 1. Población por guarangas y pachacas residente en el pueblo San Miguel de Catamuche, 1571.
Pueblo
Huaranga
Pachaca
Población
San Miguel de Catamuche
Chondal
Payaca
Nyepos
Pingomarca
Polloques
226
213
163
168

Guzmango
Chalchadan
Xaxaden
003
009

Mitimaes
Cañaris
004
TOTAL
03
07
786

Fuente: Rostworoswski y Remy, op. cit. Elaboración del autor.

En ese entonces gobernaba la huaranga de Chondal el Curaca Sancho Tantachanon y el pueblo  de  San  Miguel  estaba  a  cargo  de  cuatro  Principales:  Sancho  Tantachanon10 (pachaca  Pingomarca),  Francisco  Tantacaxaxas  (Nyepos),  Martín  Guacchapayco (Polloques) y Gómez Chuquichanchas (Payaca), que representaban a las etnias más importantes del pueblo.

Posteriormente,  a  partir  de  1578,  los funcionarios  coloniales  disponen  cambios  en  la estructura de poder de los corregimientos como un intento de tener mayor control sobre la  población  indígena, con  autoridades  que  estén  más  vinculadas  a  la  administración colonial que a la organización indígena tradicional. Así, junto a los principales de pachaca y el curaca, en cada pueblo se estableció que hubiera un gobernador y se constituyó un Cabildo indígena tomando como modelo el Cabildo español, con sus correspondientes Alcaldes y Regidores. Los gobernadores, a su vez, frecuentemente eran curacas de una huaranga, su cargo tenía carácter vitalicio y asumía como jurisdicción el ámbito dentro de los límites del pueblo.

Por esta razón, en el caso del documento formulado en febrero de 1605 en San Miguel de Pallaques y al que hacemos referencia al inicio de este artículo,  se encuentra que lo suscriben a nombre de la comunidad el gobernador Juan Payaque más nueve indios principales, algunos de los cuales seguramente ostentaban a su vez títulos de cacique y representaban a sus respectivas pachacas.

Hasta aquí el lector ya estará prevenido de nuestra intención de afirmar, en base a toda la información reunida, que el pueblo (actualmente ciudad) de San Miguel de Pallaques tiene un antecedente previo en otro pueblo de nombre similar pero que se ubicó en un lugar diferente, aunque cercano a su actual emplazamiento, como veremos más adelante.

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4 Vergara O.; 1991.
5 Rostworowski, M. y Remy, P.; 1992.
6 Espinosa Soriano, 1986, Pag. 343
7 Rostworoswski y Remy, op. cit. Pág. 44
8 Rostworoswski y Remy, op. cit. Pág. 43
9 Rostworoswski y Remy, op. cit. Pág. 72.
10 En la organización política – administrativa de Cajamarca, generalmente el Principal de una de las pachacas mayoritarias ocupaba a su vez el cargo de Curaca de la huaranga.

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