CARNAVALES EN SAN MIGUEL
Que bonito es San Miguel
con sus calles y avenidas,
con sus muchachas bonitas
y sus viejas juizgavidas.
El carnaval es una fiesta popular y del desenfreno que ensalza al Rey Momo o rey de la risa, el jolgorio, la burla, la diversión, la ironía y la alegría. Consiste en una celebración de disfraces, máscaras, bailes, reinas, unshas, juego con agua, talco y hasta pinturas. Está vinculado a las celebraciones religiosas, principalmente en el período de Cuaresma antes de Semana Santa del calendario cristiano.
San Miguel, tiene una larga costumbre con respecto a esta fiesta, con el entusiasmo de sus hijos y esperado año a año con fervor y emoción, resaltando la “llegada” de Ño Carnavalón y su séquito, desde la casa de don Próspero Gálvez en el Barrio Zaña, recorriendo las principales calles de la ciudad hasta hacer su ingreso triunfal en la Plaza de Armas, al son de “Carnaval, carnaval, alegría sin igual” o las clásicas coplas cajamarqunas y “matarinas” por una banda de músicos, luego instalarse en los balcones de la Municipalidad Provincial o el ex Club Unión Fraternal desde donde se leerá su esperado “Mensaje” encendido de humor y mil regalos.
Manuel Prado decretó
que no hubiese Carnaval,
San Miguel le contestó
cállate viejo animal.

Así, al acercarse Carnaval, el mes de febrero o marzo de cada año, se designa un Comité organizador por propia decisión y voluntad de la vecindad sanmiguelinos recayendo tantas veces en la figura insigne de Franco Augusto Romero Cruzado, quien contagiaba su espíritu entusiasta y alegría a la gente con quienes programaban la “llegada” de su majestad Ño Carnavalón, lleno de regalos para toda la multitud en especial las principales autoridades y personas notables, dentro de la ironía, la burla con el propósito de hacerles reflexionar y mejoren sus servicios o enmienden sus conductas. El Rey Momo ingresa el día Sábado de Carnaval, rodeado de un diablo que adelante corretea a los muchachos con su trenzado y un cortejo de múltiples personas disfrazadas con multicolores atuendos como guaripoleras, reinas, campesinos, policías, ancianos, etc.

Una vieja se orinó
en la gorra de un teniente,
el teniento lo tomó
creyendo que era aguardiente.
También el Comité estaba a cargo del reinado y baile social, los juegos con agua, las unshas; hasta el velorio y entierro del carnavalón, acompañado de cura y varias dolientes viudas como la representada por Manuel Carrascal Herrera, donde volvía a leerse el “testamento” dejando muchas cosas de valor pero en especial consejos para enderezar las conductas de los ciudadanos. en general, con amplia algarabía de los sones pegajosos de la banda de músicos de trajes mojados y rostros pintarrajeados también por el contagio de la fiesta y alegría impar.

Antiguamente existían pilancones de agua en las esquinas de algunas calles, allí los hombres llenaban sus globos, otros portaban “jeringas” grandes de lata hechas por el tío Ananías Huerta que servían tanto para inflar los globos y lanzar el agua con fuerza hasta los balcones de las muchachas. Por las tardes y por la lluvia y el frío, no se jugaba con agua, los muchachos con las manos llenas de polvo o talco, echaban a los rostros sonrosados de las damitas dejándolas totalmente blancas; otros palomillas, llenaban con harina una media de nylon de mujer y con esa bola golpeaban a las mujeres a quienes aparte de banquearlas les causaba dolor por la fuerza y el peso del bulto blanco. Algunos llenaban los globos de agua y anilina, resultando más afectada a quien le caía.

Todas las mujeres tienen
dos limones en su pecho,
dos cuartitas más abajo
la cueva de los leones.

En San Miguel el carnaval es una fiesta tradicional, no se tiene un registro histórico pero la tradición da cuenta de su antigüedad cuando nuestros ancestros indican que cantaban algunas coplas que el tiempo ha desaparecido de sus anaqueles, como aquella que entonaba nuestra Encarnita:
Allá arriba en aquel cerro
hay un palo colorado
para amarrar a los borrachos
cuando vienen del mercado


Nos alegra saber que como en nuestra capital departamental o regional, el Carnaval de San Miguel logre día a día mayor prestancia, con el concurso de coplas, la participación de la reina sanmiguelina en el corso central de Cajamarca, entre otras novedades. Debemos decir que el “mensaje” y “testamento” de Ño Carnavalón, se maneje de la mejor manera como solía hacerse antes, sin llegar al insulto o afectar la dignidad y honor de las personas o sus familiares; es decir, la sátira o la broma con mucha altura y como siempre el respeto mutuo que caracteriza a los sanmiguelinos, perdure siempre. “Cajamarca, y su afamado Carnaval nos trae a la memoria su inconfundible melodía e ingeniosas y humorísticas letras. Sus coplas improvisadas y matarinas contienen también versos pícaros y amorosos, cantados a contrapunto”
Las campanas ya sonaron
dando las doce del día,
anda pronto a la cocina
que mi tripa está vacía.
Años atrás se llenaba el pozo de la pileta de la plaza de armas de San Miguel, y el domingo de carnaval era denominado “Carnaval macho” porque los muchachos se agarraban en una baldeada general. En los bailes, los hombres usaban unos chisguetes olorosos de éter que a distancia alcanzaba a alguna dama de su preferencia. Entre baile y baile se conquistaba a las bellas damas a través de los diferentes mensajes románticos escritos en las serpentinas que adornaban el cuello de hombres y mujeres en general. Nuestro pueblo todavía contaba con acequias en sus calles, en ellas se empozaba el agua y a baldazo limpio se jugaba con las amigas que aceptaban el reto. Se hacía elección de las reinas de belleza en base a venta de números entre dos o tres guapas postulantes al cetro; el domingo se las paseaba en un carro alegórico ante el aplauso y admiración del público y animación de la banda de músicos.

San Miguel goza a plenitud su carnaval, hasta el día Miércoles de ceniza, fecha en que fallece Ño Carnavalón, para el juego con agua. Ese día es velado en un cajón frente a la municipalidad –al estilo velorio y entierro de verdad-, le colocan velas, coronas de distintos colores y tarjetas con mensajes chistosos aparentemente enviados por alguno de sus “deudos”. Por la tarde, y antes de partir el cortejo fúnebre hasta el panteón volverá a leerse su “testamento” donde deja todos sus aparentes pertenencias y bienes a autoridades, viudas y público; y rodeado de muchas y dolientes “viudas” vestidas completamente de trajes negros y que son hombres palomillas quienes a través de su recorrido van desmayándose una tras otra y alguna de ellas, cayéndose varias veces cerca de las mujeres jóvenes acompañantes de dicho entierro. Delante del féretro va un “cura” quien en cada esquina se detiene para hacer un responso e incluso alcanzar a los vecinos algunas frases de amistad o burla. Una vez que llega al panteón o cementerio general de San Miguel, las viudas aumentan su dolor y desmayo tras desmayo le piden a su “difunto marido” vele por ellas y por sus criaturas que se quedan en la orfandad. Luego, tras el cementerio será quemado Ño Carnavalón, aquel gran muñeco confeccionado en base a ropas viejas, máscara y relleno de viruta. Así volverá la calma al pueblo sanmiguelino para continuar la diversión con las unshas.
En mi tierra nuay trabajo
mi siquiera de albañil,
antes que me digan vago
me voy de Guardia Civil.

La fiesta sigue con las unshas durante esa semana. El siguiente domingo, aparecerán otros disfrazados celebrando el denominado “Día de las viejas” fecha impulsada por el entusiasmo de don Víctor Bardales y vecinos del Barrio Zaña. Luego vendrá el llamado “Huarco” que se celebraba en la casa de don Santos Malca Ramírez a través de doña Conshe y familia. El baile, la diversión y los ofrecimientos iban poco a poco extinguiéndose y con ellos la fiesta del Carnaval de dicho año y con tristeza esperar el año siguiente.
Esta noche no más canto
y mañana todo el día,
pasau mañana se acaba
de mi pecho la alegría.
Las fotografías corresponden al Carnaval de San Miguel de 1997. Archivo: Foto@rte Pisadiablopasau mañana se acaba
de mi pecho la alegría.
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