Saturday, March 17, 2012

EN EL PUEBLO QUE NOS VIO NACER / Pepe Gálvez

EN EL PUEBLO QUE NOS VIO NACER

Dr. ARTEMIO A. GÁLVEZ VERA,
 en el Centenario de su Nacimiento (San Miguel, 18-03-1 912 - EE.UU. 9-04-2 005)

Recuerde el alma dormida 
avive el seso y despierte
contemplando como se pasa la vida
como se viene la muerte
tan callando...
Jorge Manrique

En aquellos tiempos la Plaza de Armas de mi pueblo no estaba encementada, solo había una verja que rodeaba una pileta de agua, alguna loza alrededor, el atrio de la Iglesia y tres vetustos y roñosos pinos, lo demás era una explanada de tierra donde se desarrollaban los eventos  mas importantes del distrito.

Para las fiestas del pueblo los comerciantes se ubicaban contra las paredes de las calles que cuadraban la plaza y los ruleteros y demás juegos se ubicaban casi al centro de la misma. Así por ejemplo, los “porconeros” (de Porcón), se ubicaban al costado de la Iglesia cerca y delante del garaje de don Vitalicio; los "costeños" (de la Costa), en la vereda de la Municipalidad y los “zañeros” (de Zaña), en la vereda de la calle que hoy rinde homenaje al Ing. Pedro “Curro” Novoa.

El ambiente festivo siempre tuvo sus peleas y sus jaloneos y esta vez no pudo ser diferente. Claro que para que haya peleas tiene que haber peleoneros y en ese entonces los más reconocidos eran: "el Pepe Piquer", "el Cascarrabias" y "el Juan Guambino". Pepe Piquer peleaba hasta que había "choclo y moco", una vez que había sangre se acababa la pelea; Cascarrabias terminaba su pelea cuando juntaba la palma de las manos, entrelazaba sus dedos  y lanzaba un golpe a dos manos  contra su contendiente y Juan Guambino, que era el más pequeño de estatura, terminaba sus peleas rápidamente, pero cuando podía las volvía a empezar como si los días no habrían pasado....

Difícilmente se agarraban entre ellos y casi siempre eran fuereños los que se encontraban en sus caminos...

Aquel día, casi al centro de la plaza estaba un ruletero con un grupo de parroquianos que hacían sus apuestas, en eso apareció un jinete que sin apearse del caballo se acercaba  al grupo, allí estaba Juan Guambino que cogiendo las riendas del caballo con la izquierda mostraba la mano derecha, batiéndola en el aire y diciendo... "me pica la mano... será pa' dar o pa’ recebir...". Repitió tres veces: "me pica la mano... será pa' dar o pa' recebir"..., a lo que el jinete que resultó siendo un sampablino, bajó del caballo y sin mediar palabra le metió un puñetazo a raíz de oreja que lo tumbó luego se montó, picó espuelas y se fue, mientras ayudaban a pararse al Guambino, quien mirando cómo se alejaba el jinete decía: "pa’ recebir había sido carajo..."

Habrían pasado seis meses y ya estábamos en otra fiesta y la gente se movía en la plaza, unos de compras otros en la conversa y los demás en los juegos de azar. Allí lo descubrió Juan Guambino al sampablino quien se encontraba haciendo una apuesta en la ruleta, pues lo agarró de la camisa y, le metió un puñete y una patada y cuando le iba a meter el cabezazo, el sampablino sacó un puñal y se lo clavó cerca de la última costilla en el área del hígado. Todos corrieron en auxilio de Guambino que estaba tirado en el suelo, mientras otros gritaban: "lo mató... lo mató" y el sampablino alcanzó su caballo y desapareció de la escena.

Los amigos de Guambino lo colocaron sobre un poncho y corrieron, cual camilleros, hacia la botica gritando. "doctor doctor, don Artemio don Artemio... llegaron a la botica y lo pusieron en el suelo, el boticario (mi papá) que era un estudiante de odontología y se encontraba de vacaciones en el pueblo, se apresuró a vaciar un frasco de agua oxigenada en la herida, meter el dedo en la llaga y sacar los coágulos que en ella habían, lo hizo por tres veces pidiéndole a mi mamá, le alcance gazas y algodón, vaciaba más agua oxigenada en la herida y ponía mercurio cromo sobre ella, limpiaba cautelosamente la herida, echó un polvo blanco en ella y procedió a coser con una aguja que le alcanzó mi mamá, le puso sulfanil lo cubrió con una gaza y terminó pegándola con esparadrapo y dijo: "Déjenlo descansar un rato, retírense para que tenga aire fresco y después lo llevarán a su casa".

Juan Guambino vivió mucho tiempo como vivieron otros "pacientes" a los que atendió mi padre en situaciones diferentes y por diferentes motivos y que algún día me atreveré a contárselas porque estoy seguro muchos de mis paisanos han olvidado estos sucesos y otros no tienen por qué saberlo ya que ocurrieron en tiempos en que ellos aún no habían nacido...

Hoy he  narrado esta crónica, porque de esta manera quiero recordar que un 18 de Marzo de hace 100 años nació en San Miguel de Cajamarca mi padre el Dr. Artemio A. Gálvez Vera,  quien gracias a su esfuerzo, empeño y espíritu de superación, supo vencer todas las dificultades y graduarse de Cirujano Dentista en la UNMSM, de Profesor de la especialidad en Ciencias Biológicas en la Universidad Católica de Lima, de Médico en la Universidad de Santiago de Compostela y de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona - España, recordar su destacada actuación en el ejercicio de su profesión y cantarle el Happy birthday, el cumple años feliz o las Mañanitas mexicanas; porque si bien es cierto su cuerpo dejó esta tierra el 9 de Abril del 2005, su alma vive en mi mente y en mi corazón, con la gratitud filial encendida, como en aquellos años de alegría y felicidad con mi madre, la Aurora de mis días, en el pueblo que nos vio nacer.  

PPgalvez
Chicago, Marzo del 2012

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