Thursday, January 21, 2021

MANUELCHA PRADO: EL POR QUÉ DE UNA INQUIETUD / Melacio Castro Mendoza.

MANUELCHA PRADO:

EL POR QUÉ DE UNA INQUIETUD

  

Melacio Castro Mendoza.

 

A comienzos de 1980, en Lima, en la casa de Enrique Javier Peralta Chávez, cconocí al guitarrista andino Manuelcha Prado. Amigos comunes, a través de Javier Peralta Chávez, hicieron posible tal encuentro. Eran los momentos finales, aquellos, de la dictadura militar encabezada por el general Francisco Morales Bermúdez, un borracho de remate, cuyo régimen se caracterizó, entre otras cosas, por el pisoteo, a su gusto, de los derechos humanos.

 

Bastaron algunos cuerdazos para que Manuelcha Prado me trasladara a lo más hondo del Perú: su música era, y continúa siendo, un toma y un devuelve de las costumbres, de las luchas, de los ritos ancestrales que las élites del colonialismo y de la república prejuiciaron, luego de que a sus representantes, los indígenas, les arrebataran sus bienes materiales para, después, identificar, a los mismos, con unos indios apáticos.

 

A fines de abril de 1976, al margen de mi voluntad, tuve que dejar el suelo peruano. Residente en Alemania, accedí a la música, grabada en un cassette, de Manuelcha Prado. Su forma de interpretar o de crear sus melodías, de esencia andina, supe que, para reponer mis energías espirituales, de cuando en cuando debía de recurrir a él. Puesto que, al viajar a Perú, por uno u otro motivo no podía permanecer mucho tiempo allí, decidí buscarlo como para llevarlo a Alemania. Cuando él me preguntó el porqué de mi inquietud, la primera parte de mi explicación, le causó risa.

 

Para que, mientras cocino mis alimentos, maestro dije— usted toque su guitarra, una manera de recordarme cuáles son los orígenes y la buena calidad de la papa, de el camote y del alma de la población que los producen a punta de pala y de la Chakitaklla.

 

La idea, aparte de hacerle reír, le agradó. Le expliqué, de paso, de que, en verdad, necesitaba organizar algunos conciertos, como medio de denuncia, entre el público europeo, de la violación de los derechos humanos por el régimen dictatorial.

 

Por motivos ajenos a su voluntad, y a la mía, su viaje a Alemania recién pudo ser una realidad, el año de 1992, en el contexto del V Centenario del Descubrimiento de América. Desde entonces, las más diversas instituciones culturales de Alemania, y de otros países de Europa, empezaron a reclamar uno y otros conciertos que, a lo largo de los años, se extendieron hasta el año 2012. En la universidad de Essen, un equipo de colaboradores me ayudaba en la coordinación. Lo escucharon, así, en teatros y en otras instituciones, importantes públicos de Suecia, Dinamarca, Noruega, Francia y España. En Oslo, la capital noruega, un sector de los oyentes se interesó por la situación del sistema educativo y por las políticas culturales del Estado peruano. ¿Qué podíamos decir? La denuncia de la falta de recursos estatales para uno y otro sector despertó las simpatías de los dirigentes sindicalistas magisteriales, presentes en el concierto, quienes, por su propia iniciativa, decidieron tomar nota, y buscar la forma de conectarse con el sindicato más representativo de sus colegas del Perú, a fin de apoyar su Pliego de Reclamos. Otros sindicatos magisteriales, sobre todo de Alemania, Francia y Holanda, se hicieron eco por lo mismo.

 

Manuelcha Prado fue, en su juventud, estudiante de la universidad La Cantuta, y actor de teatro. Como solista de guitarra, hizo, en un ambiente indiferente a lo andino, una sustancial pedagogía musical, social y cultural. En la línea de mi otro amigo, el maestro Raúl García Zárate, recogió, y recreó, canciones que «escondían» los gustos de quienes solo ven, y cultivan, costumbres y culturas consumistas. Agregó, a ello, su condición de creador, aportando canciones en donde la piedra, por ejemplo, que puede ser un elemento de ataque, se convierte, en manos del pueblo, en medio de defensa ante quienes pisotean el derecho a postular la construcción, o conquista, de una vida digna. En la ciudad de Essen sucedió algo anecdótico: las canciones de lengua quechua, las más sentidas en la interpretación de Manuelcha, merecieron los más intensos aplausos. Finalizado el concierto, un peruano, a quien nunca antes había visto, me abordó, y dijo:

 

—No entiendo.

 

—¿El qué? —consulté.

 

—El que a los alemanes les agrade una música para serranos.

 

Se trataba de un médico, cuyos orígenes remitía a San Isidro, Lima.

 

Los medios de comunicación, la política, y los políticos tradicionales del Perú, por una rancia tradición colonial, suelen moverse, y desenvolverse, casi siempre, en un cúmulo de verborrea. En las últimas décadas, las actividades delincuenciales de algunos políticos, nos ha desprestigiado aun en la arena internacional. Son, la mayoría, medios y gente que persisten en ignorar, o dejar de lado, en el caso de Manuelcha Prado, propuestas filosófico-musicales que deberían escucharse, y estudiarse.

 

Aplaudo, y aplaudiré siempre el que la guitarra andina tenga, en Manuelcha Prado, a un gran exponente suyo, que nunca pudo ni podrá desprenderse, sino más bien todo lo contrario, de aquellas raíces culturales que hacen de nuestro pueblo, el Perú, un país creador de una robusta, saludable estética.

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