EL DUENDE DEL HORNO DE ÑA ENCARNITA.
Relato e historias del Barrio Bolívar y
Transversales.
Recopilación y narración Prof. Wílmer A. Mendoza Rivasplata.
Este horno estaba ubicado en la cuarta cuadra del Jr. Miguel Grau, calle transversal
del Jr. Bolívar. (San Miguel de Pallaques – Cajamarca).
Era un horno con tendido grande, muy conocido en la
localidad, de propiedad de la señorita Encarnación Reyes Quiroz, que de cariño
le decían Ña Encarnita, Dama muy
valiente, que no le intimidaban las historias de almas, malos espíritus y
duendes, sino muy por el contrario a ellos en sus entretenidas historias que
compartía con su clientela, se refería con mucho cariño y les consideraba como
seres bondadosos, bromistas y trabajadores, quizás esta fue la razón para que
en una oportunidad le sucediera la siguiente historia.
Fue una madrugada fría de un primero de noviembre, día de Todos los Santos, con
la característica neblina húmeda que cubría con su blanco manto a nuestro San
Miguel. Ña Encarnita ese día se tuvo que levantar a trabajar mucho antes de lo
acostumbrado para hacer las ricas y tradicionales ofrendas (toros, bollos, etc)
que tendrían que deleitar las mesas de tan dichosa población sanmiguelina,
porque ese día Ashuca una de sus ayudantes había caído enferma. Ella fue sola
al horno y se llevó gran sorpresa al encontrar que la masa ya estaba sobada y
que había hinchado lo suficiente, lista para cortarlo y hacer el pan.
- Segurito ha sido mi Filo, pensó
Doña Encarnita, a quién lo esperaba con ansias para que le dé la explicación de
¿quién le había ayudado con ese trabajo?, pues no existía forma de que alguien
ingrese al horno porque solo ella tenía la única llave de herrero de esa puerta
hecha por su vecino Teodoro Lingán y no había explicación alguna de cómo habían
podido entrar.
Pasaron unos instantes y ella seguía extasiada por lo sucedido, se dispuso a
fisgar por una rendija de la vieja y agrietada puerta esperando ver llegar a su
Filo (la otra ayudante), en ese instante sintió que una mano pequeña, tan suave
y ágil le daba palmaditas en la espalda, ella muy valiente giró la cabeza
rápidamente, observando que un duende con sus botas relucientes y un sombrero
grande le estaba haciendo jugar, este duendecillo no se asustó, pues sabía que
Ña Encarnita era su amiga porque se expresaba muy bien de ellos, y se reía a carcajadas
mostrando sus pequeños dientes muy brillantes que resaltaban ante la tenue luz
de un mechero; mientras ella lo contemplaba con mucha ternura, el duende daba
saltos de alegría y bailaba a buen ritmo en el tendido del horno causándole a
ella mucha gracia, fue cuando sus dudas desaparecieron y comprendió quien le
había ayudado ese día con su trabajo al verla sola, anciana y queriendo ganarse
su confianza; dedujo también quien era el que ordenaba muy bien los utensilios
del horno colocándolo cada uno en su lugar después de tan esforzada labor.
A pocos instantes ingresó por la puerta doña Filo y al ver al duende se asustó,
hizo la señal de la Cruz, rezó el Padre Nuestro, ocasionando que el duende
desaparezca por un buen tiempo.
La historia del duende fue famosa y distribuida como el pan por toda su
clientela, tanto que en San Miguel no había otra cosa que se hable, sino del
Duende.
Al cabo de unos días, los vecinos del Jirón Bolívar, mientras esperaban que
salga el pan del horno, comentaban que lo han visto entrar a sus casas
caminando por los techos. Don Gonzalo revela que había visto a su hijo jugar
con el duendecito y que conversaban amenamente, por eso desde ese entonces
ellos se comportaron con mucho sigilo, porque un día el duende había convencido
a la criatura a dar un paseo por los techos y cuando los dos ya habían subido
las escaleras y estaban con los pies sobre el tejado, a tiempo se dieron cuenta
y evitaron una desgracia.
Otra familia manifestaba que en su casa, el servicio de cocina que lo dejaban
sucio y desordenado por las noches, al siguiente día aparecía limpio y
ordenado, no encontrando la explicación, hasta que una noche se mantuvieron en
vigilia para ver que sucedía y al escuchar un ruido se acercaron cautelosamente
a la cocina, dándose con la sorpresa al ver al mismo duende, tal como lo había
descrito Ña Encarnita, lavando los servicios.
Hasta la actualidad manifiestan haberlo visto, sobre todo en la fecha de Todos
Santos, donde las almas visitan por las noches los hogares a compartir las
ofrendas, por ello los padres no dejan solos a sus hijos menores por el temor
que el duende se les aparezca y los lleve, y para contrarrestar esa amenaza
acostumbrar regar el agua bendita en las habitaciones de las casa antiguas de San
Miguel.