Saturday, March 05, 2016

LOS TECHOS COMO LOS HOMBRES / Danilo Sánchez Lihón



CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina

2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES

FEBRERO, MES DE LOS HUMEDALES,
DE NUESTRAS LENGUAS NATIVAS, DE
RICARDO PALMA Y FEDERICO BARRETO

FOLIOS DE LA UTOPÍA

LOS TECHOS COMO LOS HOMBRES


Y llorará en las tejas
un pájaro salvaje.
César Vallejo

Danilo Sánchez Lihón

 
  
1. ¿Cómo llegó el mar
hasta estas cumbres?

Miro desde aquí un mar de tejados de las viviendas de mi pueblo.
Bajo el techo de enfrente, de tejas viejas, estrechas y musgosas, queda el horno de hacer pan, de mi abuela Sofía.
Este es "El Mirador" de mi casa, al cual subo siempre, porque tenemos aquí arriba un jardín de flores que cultivamos en macetas, como: alhelíes, cintias, pensamientos, gladiolos y geranios.
Los techos en verdad son mares u océanos encrespados, de oleajes ondulantes, apacibles o encaracolados. Aparentemente inmóviles pero bullentes por la vida que hay debajo.
Pero mar al fin, mar de arcilla, en razón del agua que cae del cielo y del aire que sopla hecho viento. Y del fuego que refulge con el sol.
Confeccionado de tierra amasada, rizada y puesta a hornear en las tejas.
O del ichu tendido que crece y se trae desde las jalcas y que ahora brilla iridiscente con las gotas de plata de la última lluvia repentina.


2. Riberas
de la eternidad

Pero, ¿cómo es que el mar subió hasta estos sitios, a la cumbre de estas serranías?
O, más bien ¿cómo es que se quedó en estas cúspides?
¡Porque antes el océano estuvo aquí!
Eso nos ha explicado el maestro en la escuela. Y, aunque parece mentira, si lo dice el maestro ¡es verdad!
Pero, es más: yo creo que los techos no solo son mar, sino que son barcos que navegan a la deriva, o sabiendo a qué puerto llegar. Con mástiles hundidos que se pierden tras la neblina.
Quizá incluso quillas de navíos rumbo a las estrellas. La cofa del bajel que es el globo terráqueo.
Son los techos las puntas de cometas que se desplazan vertiginosos por el espacio sideral.
Atalayas hacia el infinito, frontera entre cielo y la tierra.
Bordes de la eternidad que ya sabemos que tiene orillas, y que es este mar de tejados que ondulan noche y día.
Porque eso son los techos, las riberas de la eternidad.


3. Un mundo
más justo

Los techos son las utopías ya realizadas o visibles; lo más alto a lo cual hemos llegado como humanidad, aunque lo triste es que vivimos debajo de esos sueños.
Sólo se vive más alto que los techos cuando se los contempla desde las colinas, avizorando los pueblos en la lejanía.
Pero, desde el altozano de "El Mirador" aprendo a reconocer también que los techos, como los hombres, tienen categorías.
Y la tienen según la línea de la cumbrera, la calidad de las tejas y la forma de los aleros.
Eso sí, esto tendrá que cambiar algún día, para hacer un mundo más justo.
Así, hay techos indigentes, torcidos en su línea alta, cubiertos de pedacitos de tejas recogidas de otros techos derrumbados.
Con magueyes partidos o añosos, con carrizos al aire libre, como coinciden en ser, casi siempre sus dueños.


4. De tallos
de trigo

Son techos de mujeres envejecidas que no constituyeron hogares. O que hace tiempo perdieron a sus maridos.
O de labriegos sin tierra. O de artesanos acosados y entristecidos por la pobreza.
¡Claro! Antes que estos están los techos de paja que son de casas rústicas o míseras, de familias de huérfanos, o de esposas abandonadas, o de ancianos impedidos.
O, sino, de hogares llenos de chiquillos menesterosos.
¡Esos techos son amarillentos, como pelo de perro sobre el cual moja inclemente la lluvia!
Están hechos de tallos de trigo, de rastrojos huecos o, en el mejor de los casos, del ichu de las punas y los pajonales, del cual vienen cargados los pollinos al pueblo.


5. Dueños
advenedizos

Hay otros techos, que distinguimos desde aquí porque sus tejas son angostas y hondas, de un rojo oscuro, como el poncho de los jinetes mojados por la lluvia en los caminos.
Casi siempre cubiertas de un musgo verdoso por el lado en que corre el agua y de un liquen de color verde claro, que llamamos "flor de piedra", por el lado en que las tejas tapan las canaletas.
Son los techos de las casonas antiguas donde viven caballeros temblequeantes y señoras de mantilla.
Con muchachotes que cargan sus reclinatorios de terciopelo carmesí, con bordes de cremalina, camino a la misa del domingo en la iglesia del pueblo.
Pero, hay un techo que han cubierto de calamina, que sus dueños, advenedizos, llegados no sabemos de dónde, han pintado de rojo, sin duda por la vergüenza que eso les ha producido.
El Municipio del pueblo ya los notificó diciéndoles que son indignos.


6. Desde
lejos

Y que no serán consentidos, porque daña y adultera el alma de nuestro pueblo. Y eso está bien.
El mismo Alcalde hemos oído que le ha dicho al dueño de esa casa:
– ¡No señor! ¡O cambia ese techo o se cierra el establecimiento!
Felizmente ya lo cambiaron porque los padres de familia de las escuelas acordaron no comprar ningún producto de esta tienda y sólo por tener techo de calamina.
Porque, ¿cómo vamos a elegir ser un pueblo de lata dejando ser un pueblo del alma como es la teja porque está hecha de nuestra misma tierra y con nuestra misma sangre?
Hay los otros techos nuevos, de tejas de un rojo encendido, tirando para naranja y que trato de distinguir en cuál de los hornos del pueblo han sido elaboradas las tejas.
Porque eso lo reconocemos desde lejos; o son del horno del evangelista de la Parva de la Virgen, o son del horno de Pueblo Nuevo.

 

7. Lloros
y suspiros

Son techos de construcciones recientes, de comerciantes prósperos, de dueños de tiendas de abarrotes o de flotas de camiones.
O de contratistas de madera para las minas de Quiruvilca. O de algún dueño de hacienda que va a pasar la mayordomía del Apóstol Santiago.
Estos techos son airosos, frescos y galantes. Ostentan riqueza.
Por ellos el agua escurre acicalada y los pocitos que hacen las goteras al caer son una línea fina y pareja en el suelo.
Desde "El Mirador" yo veo que las aves no se atreven a posarse en ellos. Porque ellas juegan a hacer el amor en los techos viejos.
Ellas prefieren esos techos que tienen las líneas torcidas y la curva del algún temblor en su cumbrera.
Que tienen crecidas hierbas entre las tejas irregulares, restos de cañas y de colas de cometas.
Y quizá de lloros y suspiros de sus dueños que viven debajo de sus sombras apacibles. 

 Fotosarte Pis@diablo y Archivo

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Thursday, March 03, 2016

ELEGÍA A LA MUERTE DE ELDEN ROJAS MESTANZA / Antonio Goicochea Cruzado



ELEGÍA A LA MUERTE
DE ELDEN ROJAS MESTANZA

  Maestro y Poeta sanmiguelino ELDEN ROJAS MESTANZA "Pajarito"

"Elegía a un poeta", de Antonio Goicochea Cruzado, es un poema lírico de la lamentación, de la tristeza y del dolor. El poeta, embargado por la pena, se expresa de manera íntima y sincera ante la desgracia que, sintiéndola personalmente, se expande como un lamento colectivo. La melancolía del poeta se desborda con sencillez y sobriedad, sin altisonancias, con discreta elegancia y hondo sentimiento ante la desaparición del ser querido y admirado.

Antonio Goicochea Cruzado evoca y resalta las cualidades artísticas de Elden Rojas Mestanza. Haciendo gala de logrados recursos poéticos, relieva y reconoce sentidamente la faceta humana del pintor y versificador fallecido. La pena de Antonio Goicochea por la muerte temprana del amigo rebasa los límites personales para trascender en amargura unánime, en llanto telúrico de San Miguel por la irreparable ausencia del personaje amado.

Sin duda, Elegía a un poeta, de Antonio Goicochea Cruzado, gracias al notable aliento poético que encierra, es una verdadera ofrenda lírica que ha de engastarse por siempre en el corazón de quienes recuerdan con amargura póstuma la muerte de Elden Rojas Mestanza.

Luzmán Salas Salas.

ELEGÍA A UN POETA

Antonio Goicochea Cruzado
 
De donde vieron tus ojos
la luz primera,
viniste,
y
en el surco más profundo
te sembraste.

Fue tu corazón
crisol que amalgamó virtudes
y pasiones encendidas;
rosa roja
en pecho abierto
abrasado de amor.

Eras tú,
celaje escarlata,
crepúsculo de véspero estival
en el amplio cielo serrano.

Con la frente en alto,
con el pecho abierto
y sonrisa franca,
fuiste cotidiano anfitrión
de anónimo visitante.

Cáliz de amistad
escanciado en
pechos fraternales.

Bienaventurados
los que tienen en el mundo
un alma amiga...
mas no una, sino mil
y mil veces mil, tuviste.

Te sembraste en el surco
más profundo.

Trajinaste por estancias
de Baco,
asido de las manos de Minerva.

Los lares que te albergaron
fueron tu musa,
fueron tu lira,
fueron la fuente que abrevó
tu alma de poeta.

Como para hacer un manto,
con retazos de vida y paisaje
tu poesía tejiste.

Cantan tus versos
al amor y al paisaje,
a la pena y la alegría,
a lacerantes nostalgias
y a vivencias de hogaño.

De capulí te aromaste
y de tostado maíz.

Acariciaste con tus versos
el corazón
de los que nacían
al amor.

Tu verbo,
en estos lares espigado,
tiene la fragancia
de tubérculo humeante
de andino fogón.

Se gloría Cajamarca
de haber sido
la bella,
la dulce y rica
fontana
donde saciaste
tu sed de pintor,
de actor
y de poeta.

¿Vino acaso del Parnaso
tu estirpe de poeta
y heredaste de Apeles y Picasso
la paleta y el pincel?

¿Dónde has guardado
el arcano
que de ellos sustrajiste?

¿Dónde a la musa
tuviste cautiva?

El secreto arrancaste
a las rocas,
la floresta,
los caminos...
y el perfume
a las flores.

¿En qué rocas
se filtraron tus versos
y en cuáles se afiló tu pluma?

Tus solícitas manos,
fueron torcazas,
engastando belleza
en tropos hermosos.

¿Puede acaso en unos versos
tu universal dimensión
expresarse,
si fue tu modestia
prístina actitud
y místico tu descansar
en tus noches de bohemia?

¿La soberbia nubló acaso
tu sensitiva retina?

Lleva hoy Santa Cruz,
de báculo tus recuerdos
del arroyo infinito,
de la fuente insondable,
de la altura inalcanzable
de tus actos cotidianos.

Te ama en tu andar de tórtola,
en tu prosa y en tus versos
y en tus bocetos audaces.

Quisiste quedarte aquí,
pero allá en el Parnaso
te esperaban
Vallejo, Heraud,
Martín Adán,
Neruda, Machado,
Lorca y Thagore.

Y cómo no deberías partir
si a cada instante
dejabas poco a poco,
sin sentirlo,
cuerpo y alma
a pedacitos,
cósmicos átomos de tu ser;
y, se te iba la vida.

El tiempo jugaba
entre péndulos y diapasones
de relojes siderales
entre diástoles
y sístoles
de ancestrales corazones.

Espiga prematura, segada;
el árbol que te dio sombra,
el puquial que te retrató,
sollozando están por ti;
y tus carísimos amigos
amargo acíbar están libando;
y el viento en el pajonal
por ti llora
y en columpiándose los ichus
su pena y su adiós
te están diciendo;
y, el matinal rocío
son ahora cristales diamantinos
derramados por la pena
y en su silencio mayor
augusta nostalgia
hoy sienten los roquedales;
y las tululas y rosedales,
cucardas y siemprevivas
y lloques y retamales
mustios se están poniendo.

Tu apurado viaje
a ignotas regiones
¿qué lágrimas expían
o que culpas expiamos
los que tu partida lloramos?

Obvio es
que transitamos
por la vida
y que algún día como tú,
partiremos;
pero cuánto dolor
empozado en la copa
que apuramos
y cuánta pena que destroza
el alma
y cuánto vacío que erosiona
el pecho.

Silencio que se palpa,
vacío que se toca,
dolor que paraliza;
brisa nocturnal,
hora de silencio
estancia de meditación.

Qué largas las sendas recorridas,
qué finitas las pasiones
y qué profundas las huellas
en las íntimas oquedades
del alma.

Dinos poeta:
Cuál tu color del arco iris,
Cuál tu alfa,
Cuál tu omega.
Cuál tu llave no encontrada,
Cuál tu letra consentida,
Cuál tu canto acariciado,
Cuál tu plato preferido,
Cuál tu copa embriagante,
Cuál tu baile transpirado,
Cuál tu pasión escondida,
Cuál tu rincón confidente,
Cuál tu corazón gemelo,
Cuál tu élam vital,
Cuál tu thánatos,
Cuál tu columnata,
Cuál tu epitafio.

Poeta:
cuando se haya extinguido
la tristeza
y el tiempo
haya hecho de ti,
leyenda,
como relictus de amor quedarás.

Hoy que has vuelto
por telúricos quereres,
hoy que para siempre
tus ojos se han cerrado,
hoy que laurel y olivo verdes
ornan tu estancia,
en las lindes siderales
eterna sinfonía haya para ti;
y como águila
como milano
plácidos surquen tus versos
las etéreas altitudes.